martes, 3 de marzo de 2026

El Circuito del Amor: Energía, Decisiones y Convenios

Muy buenas tardes, mis queridos jóvenes. El día de hoy me siento muy contento de poder estar aquí para dirigirme a ustedes con este pequeño mensaje que se me ha asignado compartir junto a mi esposa. Ya hace casi dos años que se me pidió dirigirme a ustedes, pero con un tema netamente de psicología. Es la primera vez que lo hago junto a Sally, y es una experiencia diferente y especial.

Me encantaría comenzar hablando un poco de mí —ya que está de moda esto del storytelling— para poder relacionarlo con el tema que quiero compartirles.

Cuando estaba en el colegio, por ahí por el primero de bachillerato, me encontraba en una transición. Llevaba un año separado de mis compañeros originales porque una prueba vocacional me ubicó en una especialidad que yo no quería. "Será un año de soledad", me decía a mí mismo. Sin embargo, en esa temporada llegué a aprender sobre lo que hoy es uno de mis hobbies favoritos. Lo que empezó como una obligación, terminó convirtiéndose en mi pasatiempo. Esos elementos técnicos que antes eran una pesadilla, hoy son mis herramientas de juego. Mi esposa lo sabe; de hecho, uno de los regalos que ella me dio antes de casarnos fue una caja de herramientas que aún tengo y que siempre estoy llenando con cosas nuevas, al punto de que ya necesito comprar otra.

Como ustedes saben, soy psicólogo, y curiosamente esa parte técnica me enseñó algo que en mi profesión me ayuda a entender el comportamiento humano. Hoy trataré de hacerles una analogía usando cosas básicas de los circuitos eléctricos.

El primer principio que aprendí es la función de un interruptor y de un fusible antes de llegar a un aparato eléctrico. El interruptor permite o detiene el paso de la energía. Esto se parece mucho a cuando tomamos decisiones: nosotros damos paso a pensamientos, palabras y acciones. Nosotros somos los agentes; usamos nuestro albedrío para ser ese interruptor.


Pero por otro lado está el fusible. Una vez, practicando en casa con una maqueta, coloqué unos fusibles flexibles —de esos que parecen alambres— de forma equivocada. Como la instalación eléctrica de mi casa era muy viejita, ocasioné un cortocircuito que nos dejó sin luz toda la noche y que hizo que mi tía saliera corriendo y gritando por la explosión de cables. Ahí entendí que la energía es maravillosa, pero solo si se controla con las medidas necesarias. El uso de los fusibles, aunque en mi caso fue inadecuado, evitó un incendio o una tragedia peor.

En nuestra vida, no basta con simplemente "tomar decisiones" (activar el interruptor). Necesitamos de esos fusibles —el conocimiento y los límites establecidos— para salvarnos la vida. A esto, el élder David A. Bednar lo explicó de la siguiente manera:

“Piensen en que se nos manda —no se nos exhorta ni aconseja simplemente, sino que se nos manda—... Permítanme sugerir que, en las Escrituras, el calificativo “moral” no es solo un adjetivo, sino quizás también una directiva divina sobre cómo debemos usar el albedrío.

El conocido himno “Haz el bien” se titula así por una razón. No se nos ha bendecido con albedrío moral para que hagamos lo que queramos y cuando queramos; más bien, de conformidad con el plan del Padre, hemos recibido el albedrío moral para buscar la verdad eterna y actuar de acuerdo con ella”.

Aquí cambia la perspectiva. Antes del interruptor, nuestra vida necesita ese fusible sensible a las cargas que dañarían todo a su paso. Hemos escuchado muchas veces que al hacer convenios en el bautismo o en el templo "perdemos" nuestro albedrío porque firmamos un contrato. Eso no es correcto. Lo que ocurre es que nuestro albedrío se vuelve un albedrío moral. La libertad no desaparece, se vuelve sagrada y responsable. Ya no podemos decir "haré lo que quiera y no pasa nada", porque tenemos un convenio que actúa como ese fusible protector.

Y al hablar de ese fusible que salta ante cargas fuertes, quiero relacionarlo directamente con las emociones fuertes.

Antes de conocer la Iglesia, yo tenía exactamente 15 años y estudiaba en el Colegio El Oro. Un primo mío, que era de Arenillas, llegó a vivir a mi casa porque estaba en su último año y tenía que hacer prácticas. En ese tiempo él me pareció alguien súper chévere; literalmente era como tener a tu misionero favorito viviendo en tu propia casa. Él tenía el espíritu misional a flor de piel. Me llevó a la capilla y, en pleno domingo de ayuno y testimonio, se paró enfrente, dio su testimonio y me presentó ante todos. En ese momento yo me quería hacer "quitito", pero no pude.

Con el tiempo, cuando llegaron los misioneros y escuché la charla de la Primera Visión, sentí el Espíritu. Sentía que ya la había escuchado antes. Sin embargo, toda esa emoción se opacó el día que mi primo se fue a la misión. Me quedé solo y empecé a imaginarme cómo sería mi vida sin él. No es que no hubiera sentido el Espíritu testificando la veracidad de la Iglesia, pero lo que sentía en ese momento era una mezcla de emociones muy fuertes confundidas con mi testimonio. Me sentía solo. Pero fue justamente en ese momento de soledad en el que empecé a crecer. Ahí recién nació el amor real por el Evangelio, porque la emoción inicial pasó, y ahora me tocaba amarlo por mí mismo.

El psiquiatra Enrique Rojas dice que: “El enamoramiento es una emoción apasionada… Es el principio, el empujón que pone en marcha toda la maquinaria psicológica de los sentimientos, y en los comienzos estos tienen una enorme fuerza. Pero eso tiene validez solo al principio. El amor es como un fuego que hay que alimentar día a día”.

En psicología llamamos a ese amor apasionado inicial "Limerencia". Es esa electricidad, esa emoción que se vuelve adictiva y que el mundo les dice a ustedes, los jóvenes: "déjense llevar, sáltense los límites, sáltense el matrimonio o los convenios".

Pero recuerden el tema del fusible: este salta cuando hay sobrecarga. No podemos darle mucha energía a una instalación que aún no es adecuada para soportarla, o nos quedaremos sin luz antes de tiempo, tal como cuando reventé los cables de mi casa. Al principio, con esas emociones, van a ver mucha "luz" y chispas, pero los circuitos terminan estallando porque, al estar literalmente dopados con químicos naturales del cerebro, no logramos ver las red flags o banderas rojas.

Mis queridos jóvenes, protejan su instalación espiritual. Usen su albedrío moral y permitan que los convenios sean esos fusibles que los protejan de las sobrecargas que el mundo ofrece. Lo comparto con ustedes en el nombre de Jesucristo. Amén.



La Consola, el Camino y el Modo Supervivencia

El discurso con el que me dirigiré hoy a ustedes, hermanos, debí darlo en Navidad. Pero, debido a mi viaje a Quito, no logré darlo junto al obispado; así que mi buen amigo Osmany amablemente me lo recordó con palabras textuales y citó: “Presi, le toca discurso por volteado”. Pero gracias. Es una bendición poder dirigir unas palabras recordando la importancia de ser o llegar a ser autosuficientes.


En los viajes que hacemos a Quito normalmente tenemos diferentes experiencias. Hemos empezado a viajar todos los años desde que compramos nuestro primer carro, que era un pequeño Spark. En uno de los viajes, el primero que hicimos, salimos del templo y le dije a mi esposa: “Mira, ya estamos en Guayaquil, más cerca de Quito, ¿qué te parece si vamos?”.

Y, pues, empezamos la ruta con el GPS porque sería la primera vez. Algo que no sabía era que necesitábamos internet si no descargaba el mapa en mi teléfono, y que pasaríamos por lugares donde no hay señal. Así que, ¿ya se imaginan qué pasó? El mapa se volvió loco y nos llevó en otras direcciones. Empezamos a ir por páramos y reservas ecológicas, con muchos paisajes bonitos, pero durante el camino no habíamos considerado revisar brevemente si el carro estaba en condiciones de subir muchas cuestas.

Empezó a caer la noche, las luces no eran adecuadas y casi no podíamos ver la carretera; en las subidas, el motor empezó a calentarse. Para resumir: un viaje que normalmente duraría 7 horas, duró 12. Hubo momentos, en lugares con mucho frío, en los que queríamos tirar la toalla y volver, pero seguimos con calma, orando y haciendo paradas cortas.

Actualmente, ya conocemos mejor el camino y, aunque siempre pasamos por baches, tráfico excesivo, desvíos y otras cosas que nos cortan el viaje tranquilo, siempre es satisfactorio llegar a casa junto a la familia en cualquiera de los dos destinos.

Este pensamiento me hizo reflexionar en cuanto a la vida y las relaciones familiares. Emprendemos una amistad, un noviazgo o el matrimonio pensando que el viaje será recto, a pesar de no haber comprobado las condiciones del camino. Muchas veces llegamos a los "baches" de la vida y decidimos que ahí se acabó el viaje. Nos estacionamos en la orilla y nos ponemos cómodos: dejamos de hablarnos y hacemos como que nada pasó hasta que alguien más venga a rescatarnos.

Es en ese momento cuando entramos en lo que yo llamo "modo supervivencia", porque nos conformamos con sobrevivir en lugar de solucionar o reconstruir.

El élder Dieter F. Uchtdorf explicaba en una conferencia para el sacerdocio que podemos llegar a ser como aquel hombre que ahorró mucho para poder ir a un crucero. Como no quería gastar más de lo que ya había gastado en el boleto, se limitó a comer solo galletas y jugos en polvo. Ya cuando estaba por terminar el crucero, alguien se acercó a preguntarle a qué fiesta iría para la despedida. Al ver su confusión, le explicó que en el boleto ya estaba incluida la comida y muchos otros beneficios. Pasó días comiendo migajas cuando tenía derecho a un banquete.

He notado que muchas veces pensamos que ya todo está dicho o que ya estamos "configurados" para sufrir. He escuchado frases como: "Así soy yo", "Está en mi genética" o, lo más común, llegamos a acostumbrarnos a vivir en ese entorno caótico porque así es como nos criaron nuestros padres, abuelos o tatarabuelos. Pero vivir en modo supervivencia, comiendo galletas y jugo, es una elección que puede cambiar. Y no solo lo digo yo, es un dato científico.

La neuróloga Rosa Casafont, en un libro que estoy leyendo llamado Viaje a tu cerebro emocional, menciona que, si bien es cierto que el ADN es ese manual fijo que heredamos, se ha descubierto un elemento llamado el "componente epigenético". Este siempre ha estado ahí, pero ahora se sabe su función.

Podemos compararlo con una consola de sonido de esas modernas que tiene el obispo Virgilio. Esa consola tiene muchas perillas y botones para regular el audio. Nuestro ADN es igual: aunque por nuestro entorno o crianza estemos configurados con el volumen alto en el miedo, la ira o la tristeza (lo que llamaríamos "música desafinada"), eso no es una condena. Nosotros tenemos el poder de mover los botones. Con esfuerzo, podemos bajarle el volumen a esos defectos y subirle la intensidad a la paciencia y el amor.

Y el hallazgo más hermoso de la ciencia es que, cuando nosotros nos esforzamos por "regular nuestra consola", esa nueva configuración se graba en nuestro material biológico y podemos heredarla a nuestros hijos. Podemos romper la cadena y heredarles una música mejor.

Cuando mi mamá vivía en el campo, en un pueblito más allá de Santa Rosa, me contaba que era común que, terminando el colegio, las chicas se dedicaran a cuidar de las fincas o se casaran muy jóvenes. Ella nunca quiso quedarse ahí; luchó mucho para poder estudiar en la universidad. De hecho, logró jubilarse el año pasado porque empezó a trabajar muy joven, aun mientras estudiaba. Ahora entiendo que ella configuró esta "consola genética" para que mis hermanos y yo también pudiéramos tener ese privilegio.

W. Cleon Skousen enseñó: “La Expiación de Jesucristo hizo mucho más que pagar una deuda; proporcionó el poder mediante el cual podemos progresar hacia la perfección”. En otras palabras, Cristo no solo borra errores; nos habilita para cambiar, crecer y salir del modo supervivencia.

Testifico que Cristo es la Roca; no solo nos levanta cuando nos caemos, sino que también nos acompaña de la mano cuando estamos dispuestos a caminar. En el nombre de Jesucristo. Amén.

lunes, 27 de octubre de 2025

Tercer discurso en el Obispado: La Fuerza de los Fundamentos: Volver para Sanar

 El día de ayer di mi segundo discurso en el obispado, fue un momento emotivo para mi poder compartir memorias que son sensibles de mi infancia. Practique varias veces para no quebrarme en ciertas partes del discurso en las que me refiero a mi en la experiencia de la infancia. En fin aquí está el discurso:



La Fuerza de los Fundamentos: Volver para Sanar

Antes de conocer la Iglesia, vivía el día a día sin metas claras, sin un orden. Gran parte de esto se debía, según yo, a que cuando mi mamá quedó sola, empezó a trabajar todas las jornadas que se permitían en ese tiempo en la docencia. Entonces, mis hermanos y yo quedábamos al cuidado de mis tías adolescentes que, con sus propias crisis, hacían que la supervisión fuera escasa.

Una de las cosas que más me marcaron en la época fueron los desafíos académicos, que por el momento no eran tan relevantes para mí. Con mi hermano conversábamos entre risas que solo un genio tenía la capacidad de aprender en un mes lo que a otras personas les costaba un año; un mes era el tiempo que nos daban hasta el examen de supletorio.

Aunque nunca nos quedamos de año, perdíamos gran parte de nuestras vacaciones. Ese fue uno de los motivos, junto con el conocimiento de la Iglesia, que hicieron que mis últimos 3 años de colegio y los que siguieron para terminar mis estudios profesionales los lograra con éxito, sin que tuviera que pasar por un supletorio.

Cuando conocí la Iglesia, mi vida se tornó más ordenada. Aprendí tres principios que me dieron un propósito, algo que lograr día a día. Leer las Escrituras se volvió un hábito que abrió un sinnúmero de posibilidades, no solo espirituales sino también personales y académicas. Aprendí que cuando ponemos a Dios en primer lugar, obedeciendo el día de reposo, todo lo demás encuentra su lugar.

Los primeros milagros en mi vida se dieron después de una súplica a Dios, a través de una oración o bendición del sacerdocio. Recuerdo haber tenido la fuerte impresión de dar una bendición del sacerdocio a mi hermano justo para dar un examen difícil en su último año. Antes de que saliera de casa, tomé una silla y lo senté en mi cuarto. Las palabras "te bendigo para que recuerdes lo que has estudiado" se cumplieron y, al final del día, regresó con una gran sonrisa y sumamente sorprendido de haber aprobado su examen.

Así también me llenó de mucho gozo ver a dos hermanas —una hija que daría su primer discurso y su madre— abrazarse fuertemente antes de subir al púlpito y elevar una oración juntas. Fue un instante sencillo, pero profundamente espiritual. Luego de eso, ella daría un excelente discurso.

En las Escrituras, el rey Benjamín, un profeta del Libro de Mormón, dio uno de los mensajes más largos de la historia del Libro de Mormón. Se puede decir que fue una de las primeras conferencias, en la que mandó a construir tiendas al pueblo en dirección del templo para que escucharan la voz de su rey y profeta. En este discurso, que duró horas y tal vez días, expresa lo siguiente:

19 Porque el hombre natural es enemigo de Dios, y lo ha sido desde la caída de Adán, y lo será para siempre jamás, a menos que se someta al influjo del Santo Espíritu, y se despoje del hombre natural, y se haga santo por la expiación de Cristo el Señor, y se vuelva como un niño: sumiso, manso, humilde, paciente, lleno de amor y dispuesto a someterse a cuanto el Señor juzgue conveniente infligir sobre él, tal como un niño se somete a su padre.  (Mosíah 3:19)

En estas proféticas palabras es como si nos estuviera exhortando a retroceder en el tiempo y ser niños. Pero, en términos más profundos, yo diría que más que hacer lo bueno o vivir el día a día como miembro de la Iglesia, el poder del Evangelio está en cómo lo hacemos: siendo discípulos de Cristo con un corazón humilde, tal como un niño. Volviendo al comienzo, esta idea va de la mano o en paralelo fuera de la teología.

En el psicoanálisis, por ejemplo, se postula que hay etapas en nuestra vida adulta que, a veces, solo se pueden superar volviendo simbólicamente a la infancia para reconciliarnos con nuestro pasado y, en ese punto, lograr la famosa catarsis, que es el desahogo y el perdón por haber cerrado el corazón al alimento espiritual.

El apóstol Pablo, al reprender a los santos, ya nos lo decía antes de que los filósofos lo descubrieran en la psique humana. En Hebreos 5:12-14:

12 Porque debiendo ser ya maestros después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros principios de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido.

13 Porque todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de la justicia, porque es niño;

14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por la costumbre tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.

Aquí aparece el término "niño" para indicarnos la necesidad de alimento blando cuando, con el tiempo, nos volvemos inexpertos o, en otras palabras, descuidados con los primeros principios. También nos confirma que no importa el tiempo en la Iglesia o el llamamiento que tengamos. La madurez espiritual no significa abandonar la leche. Si nuestra vida espiritual se siente estancada, la solución es volver humildemente, como el niño de la escritura en Mosíah, a la leche pura de los primeros principios. Así entendemos la doctrina y, cuando entendemos la doctrina, dejamos de solo "hacer las cosas" para "sentir las cosas que hacemos".

Si bien es cierto los primeros principios del Evangelio son fe en Jesucristo, arrepentimiento, bautismo y la recepción del don del Espíritu Santo, estos no son un curso que aprobamos una vez en nuestra infancia espiritual y luego olvidamos; son el fundamento vivo. La leche de la que habla Pablo es el nutriente esencial que necesitamos todos los días para que el alimento sólido de la madurez espiritual pueda ser digerido. Entonces, es aquí donde necesitamos de activadores que renuevan estos principios:

La oración y la lectura de las Escrituras son la forma en la que ejercemos, aumentamos y alimentamos nuestra fe en Jesucristo, que es el primer principio. Es donde aprendemos a aplicar el arrepentimiento, que es el segundo principio, y en donde encontramos la guía del Espíritu Santo, que es el cuarto principio.

El presidente Ezra Taft Benson enseñó repetidamente que el descuido del Libro de Mormón es el origen de la debilidad espiritual y dice textualmente:

"No nos engañemos; así como el Libro de Mormón trae a los hombres a Cristo, así la negligencia de este libro aleja a los hombres de Cristo.

"...No todos los santos que han recibido un testimonio del Libro de Mormón permanecen firmes. Algunos se apartan. Algunos se vuelven inactivos. Algunos apostatan. No podemos apartarnos del libro y permanecer con la Iglesia."

"El Libro de Mormón es la Palabra de Dios", Conferencia General de abril de 1975

Entonces, si dejar de leer las Escrituras es el primer paso para la inactividad, volver a leerlas es el primer paso para volvernos espiritualmente firmes.

Asistir a la Iglesia es el acto central para participar de la Santa Cena. Es la forma en la que recordamos nuestro bautismo, que es el tercer principio. Al participar dignamente, demostramos nuestro arrepentimiento continuo, que es el segundo principio, y se nos promete la bendición fundamental de que siempre podamos tener su Espíritu con nosotros, que es el cuarto principio.

Es aquí donde la asistencia a la Iglesia cambia de un simple "hacer" a "sentir". Como dice el escritor Álex Rovira Celma: "saber amar es saber mirar". El "sentir" la Iglesia es aplicar esta idea: mirar a nuestros hermanos del barrio Florida, despojarnos de las ofensas y prejuicios del adulto, y ver a los demás con paciencia y el amor de un niño. Es mirar a quién podemos servir, a quién podamos escuchar, a quién podamos amar.

Cuando volvemos a estas bases, dejamos de ser inexpertos en la palabra de justicia y dejamos que la expiación sane nuestra vida espiritual adulta. Testifico que es así, en el nombre de Jesucristo. Amén.



domingo, 25 de mayo de 2025

Sanar a Través del Perdón: Reflexión Compartida

Hoy quiero compartir el discurso que di en la reunión sacramental como parte del obispado, en el que hablé sobre la memoria y el perdón. Es un tema que me ha tocado profundamente, y espero que las palabras que compartí puedan resonar y traer algo de paz y reflexión a quienes lo lean.

Las Memorias y el Perdón

Cuando tenía aproximadamente 5 años por ahí por el año 95 mas o menos una de mis actividades favoritas eran las que tenía en los días de vacaciones al viajar en quito unan por el tiempo que nos daban los que recuerden esa época las vacaciones duraban dos meses o un poquito mas dependiendo la escuela y otra el tiempo que pase en casa de mi primo mayor unos de los primeros nietos de mi abuela, al ser el primero también fue él, uno de los primero en tener las cosas más interesantes y novedosas del momento y una de ellas era que como regalo al pasar al colegio militar recibió de su padre una computadora pentium uno para ese tiempo era lo mas moderno; me acuerdo como si fuera ayer esa sensación de curiosidad y la emoción de pasar las tardes y noches jugado un solo videojuego que de hecho se podía acceder mediante la inserción de un diskette que era lo único que podia hacer en ese computador además de encenderlo. más adelante ya para el 2000 tuve la oportunidad de tener mi primera computadora ya una pentiun 4 y no recordaba ni cómo encenderla, mis memorias de niño jugando en la computadora todo el dia y de al menos poder encenderla se había esfumado, nació la necesidad de buscar nuevamente a mi primo para que me enseñara a usarla cosa que nunca hizo pero si me dio una gran lección ya que al sentirse abordado por no decir molestado para que me enseñara, termino diciendo las palabras mas sabias que recuerdo de mi niñez “si quieres aprender debes desprogramar, las computadoras están diseñadas para volverse a configurar y volver a estar bien” de hecho se ofreció a ayudarme el dia que por accidente la desprograme cosa que no paso porque aprendí del ensayo error, osea yo mismo lo arreglaba y desde entonces esto a sido una bendición en mi vida no por el hecho de desprogramar si no por aprender del error. 

Así como en mi infancia aprendí que una computadora puede descomponerse o desconfigurarse y volver a configurarse, también comprendí que el alma humana puede restaurarse, nos equivocamos, herimos, somos heridos. y aunque no podemos borrar lo que paso porque la memoria no se borrar, si podemos pedir a Dios que nos ayude a reconfigurar lo que sentimos ante ese recuerdo, entendí que el corazón funciona igual tal y como dice el Salvador en Isaías 1:18

 “Venid ahora, dice Jehová, y razonemos juntos: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos⁠; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”

El Señor nos dice algo profundo:

Venid ahora... razonemos juntos.” no dice olvida lo que hiciste, el perdón no nos quita la condición de humanos del recuerdo pero tampoco nos exige una perfección imposible más bien nos invita a razonar con Él y sentarnos como lo haría un padre amoroso y revisar nuestra historia no para borrarla si no para transformarla 

Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos...

Queridos hermanos esto no significa que el pasado desaparece, significa que con la ayuda de nuestro Padre Celestial y la expiación lo que antes dolía ahora nos enseña, el perdón no borra las memorias pero transforma de rojo a blannco, el recuerdo sigue allí pero ya no duele igual Como dice la psiquiatra Marian Rojas

“El perdón convierte el trauma en experiencia”. Lo que antes era un trago amargo, ahora se vuelve una lección que puedo digerir. Ya no me destruye: me transforma.

Ahora bien es posible que pensemos que el perdón nos libera porque la expiación es infinita y hace posible sanar el alma herida sin embargo nos anclamos al pasado como si fuéramos una barco en medio del mar. Para entender mejor esta parte lo comparare nuevamente con la computadora, esta vez con el disco duro, alguna vez se preguntaron porque es posible configurar una computadora que dañamos, esto es porque en ocasiones el daño queda guardado en la memoria conocido como disco duro, al borrar algo por accidente realmente no se borra permanece ahí por una largo tiempo y lo que hacemos es volver a hacer una nueva memoria encima de la que ya está dañada entonces vuelve a funcionar igual que nosotros tenemos la necesidad de escribir nuevas memorias que desvíen el foco que nos ancla al pasado y nos desconfigura. El profeta Moroni dijo en Éter 12:4:

 “de modo que los que creen en Dios pueden tener la firme esperanza de un mundo mejor, sí, aun un lugar a la diestra de Dios; y esta esperanza viene por la fe, proporciona un ancla a las almas de los hombres y los hace seguros y firmes, abundando siempre en buenas obras⁠, siendo impulsados a glorificar a Dios”.

 tener la firme esperanza de un mundo mejor no es borrar, sino soltar. Y luego, construir nuevas memorias que nos anclen en la esperanza, al hablar de esperanza estamos hablando de algo que fijamos como meta en el futuro algo así como lo que llamamos una meta en un plan de vida y en un propósito más alto

El presidente Russell M. Nelson enseñó:

“No es fácil perdonar a quienes nos han decepcionado, herido, engañado o difundido falsos rumores sobre nosotros. No obstante, no perdonar a los demás es veneno para nosotros. Los rencores son una carga. [...] Si el perdón parece imposible en este momento, supliquen el poder a través de la sangre expiatoria de Jesucristo para que les ayude. Al hacerlo, les prometo paz personal.”

El perdón es un regalo. No solo para quien lo recibe, sino también para quien lo otorga. Es el acto espiritual de reconfigurar el alma. No estamos llamados a olvidar lo que pasó, sino a liberarnos del poder que tiene sobre nosotros. Como dijo alguien: el perdón no borra la memoria, pero la vuelve habitable. Y esa es una forma de milagro.

A veces, no es que no queramos perdonar... es que no sabemos cómo perdonarnos a nosotros mismos. Nos aferramos a la culpa, al juicio, y eso bloquea el proceso de sanar.

El escritor Álex Rovira Celma dice algo que me marcó profundamente:

 “Cuando juzgamos a los demás, en realidad estamos confesando algo de nosotros mismos.”

Esto me hizo pensar: muchas veces los juicios que lanzamos a otros nacen del dolor que todavía no hemos sanado en nosotros. Tal vez lo que nos cuesta perdonar al otro es el reflejo de algo que todavía no hemos enfrentado en nuestro interior.

Y es ahí donde entra el amor de Dios. Porque solo razonando con Él, sentándonos con sinceridad, y dejando que Su perdón entre en nosotros primero, podemos encontrar la paz que nos falta para dejar de juzgar y empezar a liberar.



miércoles, 5 de marzo de 2025

Responsabilidades

 Una de las cosas que menos me  agradan en el contexto de la zona de confort es tener que hablar en público, este a sido mi talón de Aquiles a pesar de que en mi niñez soñaba con ser un gran expositor y dirigirme a multitudes. Siempre espero que ese sueño un día renazca y empiece a hablar sin mis bloqueos naturales de rasgos agarofobicos. En fin esta semana me toco discursar y algo de lo que me doy cuenta actualmente es que a medida que hablo a diferencia de antes la gente más me presta más atención a medida que desarrollo el discurso, es posible que les gusto la información con la que empecé, aquí Un borrador de lo que llame “ En ocaciones el chisme”

En ocaciones el chisme 

En esta semana recibimos una noticia a través de las redes sociales en la que se demandaba a la directora de la escuelita donde trabajo, y como resultado de esto muchos de mis compañeros y padres de familia a favor de la directora en sus conversaciones recalcaban la importancia de asistir a las reuniones desde el inicio del año ya que es en estas reuniones en las que se aclaran ciertas dudas y se especifican los valores monetarios que cubrirán gastos que el distrito no afronta y es esa falta de información o conocimiento voluntaria o involuntaria que muchas veces erramos en la toma de decisiones y llegamos a la crítica y la demanda creando conflictos innecesarios. 


Usando como ejemplo este problema de falta de información podemos decir que lo mismo nos ocurre en el trayecto de nuestra vida mortal, Aristóteles decía que cuando nacemos lo hacemos como una tabula rasa o en otras palabras como un lienzo en  blanco sin ningún tipo de información y esto es debido al velo del olvido el cual nos impide recordar y a su vez nos permite obtener las experiencias terrenales para recuperar esa información que necesitamos para volver a vivir con Dios, de esto el elder M Russell Ballard dijo:


“Sin embargo, no cabe duda de que la carne y los impulsos terrenales complican la toma de decisiones. Al haberse colocado el velo del olvido entre el mundo preterrenal de los espíritus y este mundo terrenal, podemos perder de vista nuestra relación con Dios y nuestra naturaleza espiritual, y nuestra naturaleza carnal puede dar prioridad a lo que deseamos en ese instante. El aprender a escoger las cosas del Espíritu por encima de las de la carne es una de las razones principales por las que esta experiencia terrenal forma parte del plan del Padre Celestial”


Sin información previa se nos complica el asunto y podemos caer en lo mismo del ejemplo de la demanda. Aprender a escoger la información que recibimos es parte del plan como lo dice el Elder sin embargo también hay necesidad de una figura de referencia o modelo a seguir así como un niño necesita creer en quien lo cuida, este va a creer todo lo que el padre le diga ya sean verdades o mentiras de ahí nacen los sistemas de creencias, como cuando les decimos a nuestros hijos que los deseos pueden hacerse realidad soplando las velas de una torta existen una infinidad de historias que ellos van a creer porque confían en nosotros nos necesitan para recibir información, Así también hay  sistemas de creencias que pueden ser peligroso como en los que decimos te vas a caer jugando pelota porque eres torpe, al decir esto ellos lo van a tomar como un mandato porque van a creer y de hecho lo hará, se cae pero no porque es torpe si no porque nos aman y cumplen nuestras profecías. 


En nuestra vida terrenal para volver a vivir con Dios tenemos una figura de referencia perfecta a quien si podemos creer todo lo que nos dice ese es El Salvador el cual de la misma manera paso su experiencia terrenal sin información previa así lo dice en Doctrina Y Convenios 93:12-15


Y yo, Juan, vi que no recibió de la plenitud al principio, mas recibía gracia sobre gracia;…y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma y reposó sobre él; y vino una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo Amado.


Así  también en Lucas 2:52 nuestro modelo perfecto nos indica que él crecimiento es poco a poco y en dos direcciones 


52 Y Jesús crecía en sabiduría, y en estatura y en gracia para con Dios y los hombres.


Para con dios y con los hombres, aquí me quiero enfocar en la segunda dirección ya que nuestros sistemas de creencias están ligados con la sabiduría que obtenemos tanto en el mundo como en el evangelio. Debemos adquirir información necesaria para poder pilotar el avión que conducimos en esta vida ser conscientes requiere de tomar el control sin dejarnos llevar por los impulsos como el Elder Uchtdorf lo dijo en su discurso El anhelo de volver a casa:


 Nuestro amado Padre Celestial nos ha dado la luz de Cristo, y en lo profundo de cada uno de nosotros, un sentimiento divino nos insta a volver nuestros ojos y nuestro corazón a Él mientras realizamos la peregrinación de regreso a nuestro hogar celestial.


Eso requiere esfuerzo; no pueden llegar allí sin esforzarse por aprender de Él, comprender Sus instrucciones, ponerlas en práctica fervientemente y dar un paso tras otro.


No, la vida no es un auto que se conduce solo ni un avión en piloto automático.


No pueden simplemente flotar en las aguas de la vida y confiar en que la corriente los lleve adonde sea que esperan llegar algún día. El discipulado requiere que estemos dispuestos a nadar a contracorriente cuando sea necesario.


Ninguna otra persona es responsable por su viaje personal. El Salvador los ayudará y preparará el camino, pero el compromiso de seguirle y guardar Sus mandamientos debe surgir de ustedes. Esa carga es solo de ustedes, es su exclusivo privilegio.


Esta es su gran aventura.


Por favor, escuchen el llamado de su Salvador.


Síganlo.

 

En el segundo camino tenemos a la sabiduría que El Salvador obtenía mientras se desarrollaba en la gracias para con dios y con los hombres la información que obtenemos en esta vida es casi ilimitada ser sabios es saber usar esta información de manera correcta, el elder James E Talmge lo explica de esta manera 


“El meramente poseer conocimiento no constituye la sabiduría, sino el uso adecuado de él”


¿Estamos haciendo uso adecuado de la información que obtenemos? Hacer uso de la información de manera sabia requiere de análisis el Psiquiatra Carl Gustav Jung dijo una vez que pensar es difícil por eso la gente prefiere criticar Aquí quiero cerrar mi discurso volviendo al ejemplo: tomamos la decisión de criticar y demandar cuando la información es pobre o cuando no usamos adecuadamente la misma.


 Es interésate que El Salvador ya adulto en sus primeros sermones el tema más importante que incluso se podría  tomar como un manual es el del amor, la compasión, y la paciencia en otras palabras nos capacita para tratar a nuestros semejantes de una manera compasiva, en el sermón del monte en Mateo 5 


El los amonestó (y a nosotros también), diciendo “Reconcíliate primero con tu hermano” (Mateo 5:24); “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto” (5:25); “Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (5:44). Y además nos dice: “… a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (5:39).


miércoles, 29 de enero de 2025

Bellita Elaiza Valencia Arreaga


Hoy ya esta grande y muy independiente aunque en ciertas cosas aun tenemos que guiar a sido una niña muy madura emocionalmente hablando, me da tanta ternura recordar como fue su desarrollo en sus primeros meses de vida, hoy quiero escribirle a ella mi primera hija la vi por primera vez a lo lejos muy pequeña y tan indefensa, días después ya en casa en un cuarto improvisado en la sala de mi suegra en el Puerto, pude darme cuenta de un reflejo único tal vez para mi como padre hablando es posible que todos lo tengan pero me llamo la atención ver como ella mientras yo la vestía con sus pequeñas camisitas automáticamente ella alzaba sus tiernos bracitos para que le ponga las manguitas de su pequeña prenda. Aun recuerdo esa sensación de admiración por de la belleza de la creación, un ser tan especial llenando los espacios de mis manos grandes y torpes cargando por primera vez un pedacito de vida. 

Que hermosa es la vida y cuan grande es poder ser espectador de estos milagros únicos en el contexto de la paternidad. 

ya en la actualidad en su bautismo a los 8 años muy emocionada por todo lo que estaba pasando se olvido por un momento de que seria en una pila en frente de mucha gente ya al verse en el proceso me confia que esta un poco nerviosa. -papá tengo un poco de miedo, de manera instintiva aparece la actitud de mi madre ante el peligro, ¡ no pasa nada ! con ese todo que desvaloriza la razón del miedo, obviamente agregando que yo estaba ahí para cuidarla. como decirle que yo también estaba nervioso de tan magno evento.  



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